El dolor lumbar crónico no siempre se explica por una lesión física visible. De hecho, muchas personas continúan experimentando dolor incluso cuando las pruebas médicas no muestran ninguna alteración estructural relevante. En estos casos, entender qué ocurre a nivel psicológico y conductual puede marcar una gran diferencia. Uno de los modelos que mejor lo explica es el modelo miedo-evitación (fear-avoidance model).
La reabsorción del material discal herniado es un proceso inmunomediado que implica la activación de una cascada iEste modelo describe cómo, tras una experiencia inicial de dolor (por ejemplo, un lumbago), algunas personas pueden desarrollar una interpretación catastrófica del dolor: lo perciben como un signo de daño grave o una amenaza que podría empeorar si se mueven. Como resultado, comienzan a evitar actividades que antes hacían con normalidad: agacharse, caminar, hacer ejercicio… aunque en realidad esas actividades podrían ser seguras y beneficiosas.
En el corto plazo, evitar lo que tememos puede parecer razonable. Pero cuando el miedo se mantiene, el cuerpo empieza a deteriorarse: se pierde fuerza, resistencia, confianza… y el dolor, en vez de mejorar, se intensifica. Es un círculo vicioso: más miedo, menos movimiento, más dolor..
La última generación del modelo miedo-evitación propone una idea muy potente: no solo evitamos el dolor por miedo, sino también porque sentimos que ese dolor interfiere con cosas que valoramos (trabajar, jugar con nuestros hijos, hacer deporte). Muchas veces, el deseo de controlar el dolor se vuelve tan central que dejamos de lado nuestras metas y actividades significativas. Y eso, lejos de ayudarnos, alimenta aún más el problema.
Por eso, uno de los grandes objetivos en fisioterapia y en el abordaje del dolor crónico es romper ese ciclo de miedo y evitar el «secuestro» del dolor sobre la vida. Esto se consigue con educación, exposición progresiva a los movimientos temidos, y estrategias que ayuden a recuperar la funcionalidad y retomar las actividades valiosas.
Porque sí, se puede vivir bien a pesar del dolor. Y muchas veces, moverse (aunque dé miedo) es el primer paso hacia la recuperación.
Bibliografía
- Crombez G, Eccleston C, Van Damme S, Vlaeyen JWS, Karoly P. Fear-avoidance model of chronic pain: the next generation. Clin J Pain. 2012;28(6):475–83.